PROBLEMAS ÉTICOS DE LA INVESTIGACIÓN SOCIAL EN EL NUEVO ORDEN TECNOLÓGICO



María Gabriela D’Odorico* 1






Resumen. La ética reflexiva es un modo de pensamiento acerca de las decisiones que se toman respecto de la investigación, de la producción de saber y de la intervención sobre la población. Es una dimensión de la filosofía que aporta una mirada para pensar la complejidad del campo epistemológico de las ciencias sociales, hoy en plena transformación. La complejidad del proceso de producción de conocimiento científico actual ya no permite separar un conocimiento puro de sus aplicaciones, hecho que lleva a utilizar como denominación más precisa la noción de tecnociencia. Entiendo que abrir una dimensión ética en la investigación social es, por un lado, delinear nuevos problemas epistemológicos que necesitan de un abordaje transdisciplinar. A la vez, y por otro lado, la dimensión ética muestra la necesidad de pensar en decisiones colectivas que incluyen distintos sectores institucionales y poblacionales comprometidos con la aparición del problema que se trate. Estas dos hipótesis atraviesan la totalidad de este escrito en el que se presentan algunos interrogantes y algunas indicaciones para posibles respuestas. Este trabajo constituye una síntesis de investigaciones previas de mayor alcance.

Palabras clave: ética reflexiva; tecnociencia; transdiciplinariedad



ETHICAL ISSUES IN SOCIAL RESEARCH IN THE NEW TECHNOLOGICAL ORDER

Abstract. Reflective ethics is a way of thinking about the decisions made regarding the investigation, of the production of knowledge and intervention on the population. It is a dimension of philosophy that provides a look to think the complexity of the epistemological field of the social sciences, now in full changing. The complexity of current scientific knowledge production is no longer possible to separate pure knowledge of their applications, a fact that leads to more specific designation used as the notion of technoscience. I understand that a new ethical dimension in social research is, first, to outline new epistemological problems that require a transdisciplinary approach. At the same time, and on the other hand, the ethical dimension shows the need of thinking in collective decisions that include various institutional and population sectors committed to the occurrence of the problem in question. These two hypothesis span the whole of this essay in which some queries and indications for possible answers are presented. This work is a synthesis of previous research of broader scope.

Key words: ethical reflective; technoscience; transdisciplinarity





Original recibido el 10-12-2013.



1. Introducción

Entiendo que la ética reflexiva es un modo de pensamiento filosófico acerca de las decisiones que se toman respecto de la investigación, de la producción de saber y de la intervención sobre la población. Desde la dimensión reflexiva de la ética es posible aportar una mirada para pensar la complejidad del campo epistemológico de las ciencias sociales que hoy se encuentra en plena transformación.

Quisiera comenzar apelando a cierto tipo de violencia que se experimenta cuando se presentan como si fueran evidentes acontecimientos que, en realidad, son incomprensibles debido al grado de especificidadal que aluden. Por ejemplo ¿qué significa hoy que la biotecnología puede intervenir sobre el genoma o hacer selección prenatal en función de un ideal de humanidad tecnológicamente más adaptada, con menos enfermedades o con una vida más prolongada? Y entonces ¿qué conocimientos deberían producir las ciencias sociales para poder pensar políticas públicas y sociales acordes a transformaciones biotecnológicas capaces de producir nuevas formas de vida? O bien ¿qué significa el proceso de producción tecnológico de alimentos genéticamente modificados y qué impacto tiene este acontecimiento para las medidas económicas que piensan modelos para la mejora de la calidad de vida de las poblaciones? Es más ¿qué significa hoy el estadio virtual al que ha llegado la economía que, como dice Amartya Sen, (2003) puede hacer convivir la abundancia de alimento con hambrunas sostenidas.

Creo que estas preguntas ya no permiten mantener la histórica separación entre un contexto de descubrimiento y un contexto de aplicación (Reichenbach, 1938). El otrora considerado conocimiento científico puro se vuelve inescindicible de sus aplicaciones y nos conduce, antes que nada, a hablar de tecnociencia como un único proceso de producción de saberes junto con sus aplicaciones. Es por ello que las preguntas planteadas nos introducen directamente en el campo de la ética; nos instalan en un ámbito de reflexión acerca de decisiones humanas que puedan tomarse en base a valores, virtudes, principios, bienes, fines o consecuencias, según la concepción filosófica que privilegiemos. Entiendo que abrir una dimensión ética en la investigación social es delinear nuevas problemáticas acordes a las transformaciones tecnológicas. Desde la interrogación ética se ve que las especificidades científicas más acotadas, paradójicamente, producen problemas que necesitan un abordaje multidisciplinar o transdisciplinar. Por ejemplo, para nuestra serie de preguntas ya están afectadas, por lo menos, la biología, la informática, la economía, la medicina, la sociología, la estadística, las ciencias políticas y la ética filosófica. Es probable que ahondando en la dificultad empecemos a necesitar sumar cada vez más áreas de conocimiento que resultarían seguramente implicadas.

A la vez, la dimensión ética muestra la necesidad de pensar en decisiones colectivas que incluyan distintos sectores institucionales y poblacionales comprometidos con la aparición del problema. Alrededor de la idea de transdiciplinariedad y de las decisiones como procesos de construcción colectiva se perfilan mis hipótesis de trabajo en este escrito que, lejos de ofrecer respuestas, se instala en la fragilidad de un espacio en plena conformación del cual nadie que se dedique a la investigación podría quedar exento.

2. La dificultad de un diagnóstico para las sociedades contemporáneas

La fase actual del desarrollo tecnocientífico a escala global nos somete a experiencias aceleradas de transformación de lo cotidiano, de los lazos sociales y de la propia corporalidad que superan, casi siempre, la capacidad de comprenderlas como un proceso del cual cada uno de nosotros forma parte. La incertidumbre que impone esta manera de habitar el mundo no genera demasiadas contradicciones respecto de funcionamientos que tienden a autonomizarse, a perfeccionar sus errores a partir del ensayo permanente sobre nuestros modos de vida y nuestros cuerpos. Como lo había adelantado Ludwig Wittgenstein (1990) en referencia a la divulgación científica, aplicable hoy a un buen número de documentales televisados, no es tan difícil hacer creer a un público de lectores y espectadores que está entendiendo algo que posiblemente jamás comprenda. Encuentro en esta afirmación una síntesis de la dificultad específica que, hoy más que nunca, encierra la producción de conocimiento científico en todos los campos.

La creciente tecnologización del entorno, entendida como un modo decisivo que asume la política de gobierno de las poblaciones significa, por un lado, el diseño químico de gustos y pasiones, el tratamiento experimental de los estados de ánimo y la biorregulación de los vínculos sociales. Pero por otro lado implica la reaparición de viejas formas de esclavitud, de servidumbre y de sometimiento bajo esta nueva modalidad tecnológica de apropiación progresiva del mundo, de los otros y de nosotros mismos. Son viejas contradicciones que en un nuevo contexto nos ponen en otra situación ética-reflexiva. Las ciencias sociales ensayan caracterizar nuestras sociedades, ya no sólo como globales, sino también como poscoloniales, desterritorializadas, securitarias, cognitivas, biotecnocientíficas o inmunitarias. Todas estas denominaciones intentan dar cuenta de los procesos mencionados pero, a la vez, resultan incompletas. Y si bien lo predominante parece ser el enfoque económico, el mismo se halla inscripto en una particular concepción de la historia por lo que no puede actuar desvinculado de lo político, lo social, lo cultural o lo filosófico. La economía no es sólo la interpretación de un orden dado que se rige con leyes propias y en la que los hombres encuentran un espacio de realización para lo que la naturaleza los ha provisto. Por tal motivo, las transformaciones del entorno, las cuales incluyen las tradiciones locales de una comunidad, constituyen una dimensión significativa para una economía que se manifieste preocupada por la mejora en la “calidad de vida”, y en el respeto a esas diferencias cuando una sociedad permite que sus individuos devengan libres (Nussbaum y Sen, 1996).

A mi juicio, esta dificultad para un diagnóstico es un punto de partida problematizador para pensar los vínculos entre la investigación científica y la dinámica de nuestras sociedades actuales.

3. Interdependencia entre ciencias naturales y ciencias sociales

Resulta significativo encontrar en la literatura, el cine y las series, desde hace varias décadas, una inteligente obstinación por pensar el carácter revolucionario de la carrera científica a partir de la hipótesis de la fusión o continuidad material entre un entorno cada vez más tecnologizado y las mutaciones de nuestra percepción adaptada — en mayor o menor grado — a esa tecnología. La interioridad humana deja de ser tal porque, mientras se produce a sí misma, crea un mundo que funciona automáticamente y se reproduce cada vez con mayor autonomía. Los sueños del hombre moderno aparecen materializados por una tecnología que transforma cada vez más el entorno. En el marco de esta conjetura lo humano, ese ser racional, dotado de lenguaje argumentativo y que se socializa con la educación para la lectoescritura, comienza a ser una excepcionalidad.

Sumergirse en esta perspectiva implica entender nuestras sociedades como paisajes tecnológicos en el que las experiencias informatizadas, medicalizadas y biológicamente intervenidas equiparan y superan los mundos pensados por la ciencia ficción. ¿Cuán lejos de la novela Crash de James Ballard está el uso de psicofármacos o prótesis transtibiales de carbono en los deportes de alta competición con los que se pueden superar marcas históricas? Son mundos en los que lo humano aparece fragilizado, alienante, fragmentario o, como escribí en otro momento, aparece como un proyecto imposible (D’Odorico, 2011). En su lugar irrumpe una nueva adaptación cibernética, un cyborg, un nuevo organismo tecnológico autoimplantado que lleva a preguntarnos cuánto de lo humano perdura todavía en él.

Sin embargo, no todos quienes comparten esta hipótesis acerca de la continuidad material entre el hombre y la tecnología coinciden en su evaluación acerca del desarrollo tecnocientífico. Así, perspectivas autodenominadas transhumanistas, abogan por toda intervención tecnológica posible sobre las capacidades mentales y corporales para modificar y atenuar la enfermedad, el envejecimiento, el sufrimiento y, por qué no, la muerte (Bostrom, 2005). La preocupación de estos proyectos de mejoramiento humano ilimitado, antropotécnicos, se centra en el denominado contexto de aplicación científica (Reichenbach, 1938) para promover un desarrollo tecnológico diferencial que favorezca producciones con efectos beneficiosos y retarde las que involucren riesgos. La investigación de las ciencias sociales se circunscribiría a evaluar peligros y beneficios de esos desarrollos sobre las poblaciones y a generar insumos para diseñar políticas públicas y sociales que puedan atender las nuevas demandas que esos desarrollos provoquen.

Hay otras concepciones que aceptan el carácter irreversible de estos avances, sin embargo, son menos optimistas. Se trata de posiciones poshumanistas que aunque aceptan la posibilidad de volver lo humano cada vez más operable se enmarcan en el carácter limitado y finito del hombre (Sloterdijk, 2012). Nuestra especie estaría ingresando a una instancia posthumana, en la cual la lectoescritura, la formación moral o la escolarización para el trabajo productivo estarían perdiendo la centralidad que tuvieron en los siglos XIX y XX. Sin embargo eso no significaría necesariamente un traspasar los límites de nuestra propia finitud, cuestión primordial para las investigaciones de las ciencias sociales en relación con los nuevos ordenamientos poblacionales, la racionalidad de gobierno y las políticas de Estado.

Ambas posiciones comparten una visión superadora de lo humano y coinciden en señalar la interdependencia creciente entre las ciencias naturales y las ciencias sociales en la producción de conocimiento. Pero frente a ellas, y denunciando que la hipertrofia tecnológica produce una fragmentación subjetiva inédita, una ruptura de los lazos sociales y un permanente cortocircuito en las relaciones interpersonales, aparecen reclamos humanistas.

Esta nueva posición frente a las anteriores aparece como una reacción que reclama la restitución de un modelo humano centrado en la racionalidad propia del afianzamiento de la ciudadanía y de la formación moral en el trabajo productivo capitalista. Estas coordenadas seguirían determinando que devenir humano supone atravesar un proyecto formativo y educativo suficientemente estable mediante el cual se ingresa a un mundo en el que los libres e iguales se reconocen entre sí como tales. Las demandas humanistas siguen confiando en la ilusión de que las estructuras políticas y económicas podrían ser organizadas sólo bajo el modelo de una sociedad educativa para la ciudadanía y para el trabajo productivo. En este contexto las ciencias sociales deberían oficiar como fuerza compensatoria produciendo un conocimiento que contrabalancee y limite la desmesura del proyecto tecnocientífico.

4. Lo humano de las ciencias sociales

La simplificación de esta discusión en tres corrientes muestra, a grandes rasgos, que las ciencias sociales enfrentan nuevos límites epistemológicos provenientes de la investigación médica, biológica y neurofisiológica que actualmente definen lo que es la “naturaleza humana”. Incluso la consigna de la economía política clásica, reconocible en las palabras de Adam Smith que definían al mercado como el lugar en el que se realiza la naturaleza humana, se vería severamente modificada por los nuevos efectos tecnológicos. La naturaleza humana es una entidad que, hoy, no sólo podría manipularse, intervenirse o re-diseñarse sino, también, producirse biotecnológicamente. Se trata de un nuevo insumo teórico-científico que gana precisión y modifica los supuestos acerca de lo humano que, por ejemplo, la economía utiliza cuando se refiere al “nivel de vida”, “standard de vida”, “calidad de vida“, “desarrollo humano”, “necesidades básicas” o “línea de pobreza”.

Para las ciencias sociales en general pero para la economía en particular, estas diferencias sintagmáticas y conceptuales fueron el resultado y, a la vez, originaron una serie de discusiones éticas acerca de las condiciones “aceptables” para la vida del hombre en sociedad. Muchas de ellas, preocupadas especialmente por “humanizar” el mercado, cobraron especial interés con el vertiginoso proceso de expansión del mercado después de la caída del Muro de Berlín y el inicio del proceso de mundialización o globalización (Nussbaum y Sen, 1996). Las preferencias teóricas de los organismos de gestión, ostensibles en las elecciones terminológicas con las que redactan los documentos y el material de difusión, ponen de manifiesto el proceso lógico al que aquí se hace referencia: el de la valoración de aspectos de la vida humana prioritarios para la concreción de un modelo social gobernable. Aquello que es primordial para la vida, con lo cual es posible de ser transformada en “humana”, no puede disociarse de una concepción del Estado y de la lógica de gobierno que le es inherente.

De esta manera puede decirse que la naturaleza humana se convierte en el concepto mediante el cual se establecen límites de demarcación entre lo humano y ciertas figuras de lo no-humano, como la excepcionalidad, la exclusión, la patología social, es decir, el blanco de intervención de las políticas de Estado con fines restitutivos, inclusivos o normalizadores según sea el caso. La identificación, el recorte y la clasificación de la excepción, asociada a la patología y a la disfunción de las poblaciones, se transforma en condición de posibilidad para una intervención estatal con fines inclusivos. El dualismo incluido / excluido es la clave de lectura del problema de la excepción dentro del contractualismo político (Schaeffer, 2009). Pero para la actual conformación del poder tecnocapitalista la exclusión es incluyente ya que aquello identificado como excluido aparece vinculado al orden bajo su condición de excepción. La gobernabilidad moderna produce y administra modalidades siempre novedosas de exclusión, sin eliminarla. Por ejemplo, en la caracterización del inmigrante, del indocumentado, de la población en riesgo, en emergencia social o en situación de vulnerabilidad opera alguna concepción de la naturaleza humana. Esto tiene dos tipos de consecuencias diferentes.

La primera es que se invocan ciertos caracteres objetivos propios de la naturaleza de nuestra especie, como germen de los problemas que se replican a gran escala en el orden social. Esa invocación tiene el efecto de interrumpir y disolver cualquier crítica del estado de cosas. Por ejemplo, afirmar que la competencia, el egoísmo o la violencia son rasgos propios de la naturaleza humana, obstaculiza pensar y actuar en función de problemas políticos que son singulares en nuestras sociedades tecnológicas. A la vez desconoce cuestiones vinculadas a la responsabilidad social de decisiones institucionales que deberían incluir, al menos, a todos los actores involucrados.

La segunda consecuencia es que el fenomenal avance tecnológico al que venimos refiriendo presenta, en su dimensión comunicacional, una demanda discursiva y argumentativa hacia las denominadas ciencias sociales o humanas y a la ética filosófica. Las mismas podrían prestarles un rostro humano a los procesos de tecnificación de la vida. En este sentido un nuevo humanismo comienza a configurarse como un campo de fuerzas compensatorias frente a la especialización del conocimiento y la complejización de la división del trabajo.

Esas consecuencias son búsquedas de respuestas que continúan siendo reducidas e incompletas frente a la complejidad de los problemas que se vienen presentando.

5. El camino de la ética reflexiva en la investigación social

La innovación tecnocientífica que crece en forma autónoma independientemente de que se la piense, plantea un nuevo estado de incorporación del lenguaje, de la escritura y de las prácticas que parece distanciarse del humanismo. Ese modelo no estaría explicando algunos vínculos y prácticas comunicativas actuales como el uso de TICs, de redes sociales y de virtualización de la información. Las principales transformaciones políticas y culturales, tal vez, se estén produciendo sólo marginalmente a través de la lectoescritura, de la educación para la ciudadanía y de la formación moral para el trabajo en el modelo productivo. La visión humanista resultaría hoy incompleta porque debería rechazar o restringir nuevas prácticas colectivas que aparecen mediadas por la tecnología con las que se está produciendo conocimiento. En ellas aparecen también nuevos actores involucrados que el humanismo sigue interpelando sólo bajo la forma de “intervenidos” por una política o por una decisión estatal.

Sin embargo, que la figura moderna de lo humano esté interrogada no invalida las advertencias humanistas sobre el sentido eugenésico que anima los proyectos de mejoramiento tecnocientífico de la especie. La encrucijada entre una nueva eugenesia para el mejoramiento de la especie o el retorno al humanismo moral da cuenta de la oscuridad de nuestro presente, oscuro como es todo presente para sus contemporáneos.

Entiendo que incorporar la dimensión ética a esta encrucijada en la que se encuentra la investigación no es sólo proveer de nuevos recursos o insumos a la economía o a las ciencias sociales para mejorar la toma de decisiones. Tampoco es un plus en la cadena del significante que pueda reducirse a incluir las palabras responsabilidad, humanismo o valores en una mensaje publicitario dentro de los cuales la dimensión reflexiva de la ética es una interesada omisión. Creo que la ética es, ante todo, la dimensión reflexiva que abre el espacio para una discusión transdisciplinaria que recién está comenzando y que es una responsabilidad de todos los que trabajamos en la investigación social abordarlo como un proceso en construcción. Porque dada la complejidad de estas novedades, debemos asumir el compromiso de darle estado público para comenzar a incluir a toda la comunidad en un proceso de toma de decisiones sobre cuestiones cuyos efectos tienen una magnitud que los vuelven impredecibles.

Referencias bibliográficas

Bostrom, N. (2005). A History of Transhumanist Thought. Journal of Evolution and Technology, 14(1).

D’Odorico, G. (2011). El hombre imposible: la ‘naturaleza humana’ como invención tecnológica. En P. Diglio (Coordinadora) Indistinciones. Tecnología, naturaleza, administración (pp. 115-164). Buenos Aires: Mnemosyne.

Nussbaum, M. y Sen, A. (comps.) (1996). La calidad de vida. Buenos Aires, México: Fondo de Cultura Económica.

Reichenbach, H. (1938). Experience and Prediction. An analysis of the foundations and the structure of knowledge. Chicago: University of Chicago Press.

Sen, A. (2003). Sobre ética y economía. Madrid: Alianza.

Schaeffer, J. (2009). El fin de la excepción humana. Buenos Aires: Siglo XXI.

Sloterdijk, P. (2012). Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica. Madrid: Pre-Textos.

Wittgenstein, L. (1997). Conferencia sobre ética. Barcelona: Paidós.

1* Docente- Investigadora. Instituto de Investigaciones “Gino Germani”, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Universidad Nacional de las Artes.

Contacto: gdodorico@sociales.uba.ar